Smart Cities: un modelo de progreso urbano cuyos riesgos no hay que descuidar

La ciberseguridad en las ciudades inteligentes es fundamental para poder vivir de forma más eficiente en los próximos años

Smart Cities: un modelo de progreso urbano cuyos riesgos no hay que descuidar

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La evolución humana hace que, siendo conscientes en mayor o menor medida, busquemos optimizar la calidad de vida. Cada año, el porcentaje de gente que reside en ciudades es mayor, y la era digital permite que se traten de aprovechar los recursos para vivir de la mejor forma posible en materia de eficiencia, ahorro y sostenibilidad.

¿Qué son las Smart Cities?

En directa relación con esta idea existe el concepto de Smart Cities o Ciudades Inteligentes, un modelo de adaptación y progreso para crear infraestructuras que mejoren la vida de los ciudadanos. Por ahí pasa la utilización de energías renovables, un consumo de electricidad más eficiente o el uso de vehículos eléctricos. Para lograrlo, es fundamental la práctica de innovaciones digitales como el Big Data o el Internet de las cosas, todo a través de la recopilación de datos de la vida diaria de las personas para analizar su conducta y actuar en consecuencia.

Una recopilación y análisis profundo de datos permite crear para optimizar, para vivir de forma más eficiente. En ejemplos prácticos, nos brinda la posibilidad de beneficiarnos en acciones cotidianas como encontrar hueco para aparcar mediante una app, evitando así contaminar mientras damos vueltas con nuestros coches o, de forma más general y vital —y que nos concierne especialmente en el presente—, aprender a manejar situaciones de enfermedades infecciosas.

 Fuente: Iberdrola e índice IESE Cities in Motion

¿Existen Smart Cities en la actualidad?

Aunque podamos creer en primera instancia que el concepto de Smart Cities es algo futuro, la realidad es que hay ejemplos presentes que muestran los beneficios de implantar estas medidas. Uno de ellos es Singapur, que cuenta con un parque científico que ha sido capaz de atraer a empresas punteras, además de que, gracias a su videovigilancia inteligente, puede detectar delitos de forma prácticamente automática. Otro ejemplo son los sensores de tráfico en Nueva York, que permiten descongestionar la circulación; o, en una visión más cercana, la idea de contar con farolas inteligentes en Barcelona, capaces de adaptar el alumbrado en función de la actividad que haya en la calle, facilitando así el ahorro y la eficiencia energética.

Sin descuidar las amenazas

En todo caso, aunque lo anterior suena muy bien y en efecto es un modelo beneficioso, todo progreso genera una debilidad, un riesgo. Que una ciudad sea cada vez más inteligente significa que está usando un mayor volumen de datos y tecnología, lo que genera más vulnerabilidad ante amenazas informáticas. Por eso, el mayor reto para ir cubriendo el planeta de ciudades inteligentes en las próximas décadas es hacerlo de forma segura, utilizando la tecnología adecuada y evitando lo que podría llegar a ser un caos informático, previniendo ciberataques a pequeña y gran escala. Los ciudadanos deben poder disfrutar las mejoras y la eficiencia sin sentirse amenazados o desprotegidos.

La ciberseguridad en ciudades inteligentes se trató ampliamente esta misma semana en las ponencias de "Doha Smart Cities Summit", un espacio que puedes ver aquí y que aunó una serie de conferencias de expertos acerca de este modelo de desarrollo urbano.